Pela las patatas, córtalas en láminas finas y pica la cebolla menuda.
Vierte el aceite en una sartén amplia y caliéntalo a fuego medio. Incorpora las patatas y la cebolla, añade sal y, si te gusta, un poco de pimienta negra recién molida.
Sube ligeramente el fuego durante el primer minuto para que el aceite recupere la temperatura. Después, baja de nuevo la intensidad para que las patatas y la cebolla se cocinen lentamente sin llegar a tostarse.
Tapa la sartén y cocina durante 4 o 5 minutos. Destapa, remueve con cuidado y vuelve a tapar. Repite este proceso varias veces hasta que las patatas estén muy tiernas. El tiempo total dependerá del tipo de patata, de su grosor y de la intensidad del fuego.
Cuando las patatas y la cebolla estén cocinadas, pásalas a un colador y deja que escurran bien el exceso de aceite.
Casca los huevos en un bol amplio, añade una pizca de sal y mézclalos ligeramente con un tenedor, sin batirlos en exceso.
.Incorpora las patatas y la cebolla escurridas. Mezcla con cuidado y deja reposar la preparación durante 2 o 3 minutos para que todos los ingredientes se integren
.Pon al fuego una sartén antiadherente de 26 cm. Si conserva una fina película de aceite, no será necesario añadir más; de lo contrario, engrásala ligeramente.
Cuando la sartén esté caliente, vierte la mezcla y cocina a fuego medio durante unos 3 o 4 minutos. Separa suavemente los bordes con una espátula y mueve ligeramente la sartén para comprobar que la tortilla se ha desprendido.
Coloca un plato llano o una tapa para tortillas sobre la sartén y dale la vuelta con un movimiento firme. Deslízala nuevamente en la sartén y cocina el segundo lado durante unos 2 minutos.
.Ajusta estos tiempos al punto de cuajado que prefieras y ten en cuenta que la tortilla continuará cocinándose ligeramente con el calor residual.
Pásala a una fuente y sírvela caliente, templada o fría.