Separamos los dientes de ajo, los pelamos y comprobamos que estén en buen estado.
Ponemos los ajos en un cazo de tamaño ajustado y añadimos las hierbas aromáticas, los granos de pimienta, las guindillas y una pizca de sal.
Cubrimos completamente los ajos con aceite de oliva virgen extra y calentamos a fuego medio hasta que el aceite tome temperatura.
Antes de que el aceite llegue a hervir o los ajos comiencen a freírse, bajamos el fuego. Cocinamos durante unos 35 minutos a temperatura muy suave, procurando que apenas aparezcan pequeñas burbujas. Si utilizamos termómetro, podemos mantener el aceite aproximadamente entre 80 y 90 °C.
Comprobamos el punto pinchando un ajo con la punta de un cuchillo: debe estar muy tierno, pero conservar su forma y no haberse dorado.
Retiramos el cazo del fuego y dejamos que los ajos pierdan temperatura. Los pasamos a recipientes limpios, los cubrimos completamente con el aceite y los guardamos inmediatamente en la nevera.
Conservamos los ajos confitados en la nevera, a 4 °C o menos, y los consumimos en un máximo de 8 o 10 días. Si queremos guardarlos durante más tiempo, los congelamos en pequeñas porciones junto con un poco de aceite.