Lava bien las acelgas y colócalas en una olla con medio vaso de agua. Tapa y, cuando el agua comience a hervir, cocina durante 2 minutos.
Escurre las acelgas y deja que pierdan un poco de temperatura. Pícalas finamente y vuelve a colocarlas en el escurridor para que eliminen toda el agua posible. Reserva.
Limpia el puerro y pícalo menudo. Pela los calabacines y córtalos en dados pequeños. Si lo prefieres, puedes conservar la piel.
Calienta un par de cucharadas de aceite de oliva virgen extra en una sartén. Añade el puerro y cocínalo a fuego medio hasta que comience a estar transparente.
Incorpora el calabacín, añade una pizca de sal, tapa la sartén y cocina a fuego medio hasta que las verduras estén tiernas. Remueve de vez en cuando para conseguir una cocción uniforme.
Agrega las acelgas y condimenta con pimienta negra, nuez moscada, orégano y un poco más de sal si fuese necesario. Mezcla y cocina unos minutos para integrar todos los sabores.
Vuelca las verduras en un escurridor y presiona ligeramente para eliminar el exceso de líquido. Este paso es importante para que la tortilla quede jugosa, pero no aguada.
Casca los huevos en un bol, añade una pizca de sal y bátelos ligeramente, sin incorporar demasiado aire. Agrega el parmesano rallado y las verduras bien escurridas. Mezcla hasta integrar.
Calienta la sartén con una cucharada de aceite y vierte la mezcla. Cocina durante 2 minutos a fuego medio-alto y baja después un poco la temperatura. Mantén la cocción unos 3 minutos más.
Da la vuelta a la tortilla con ayuda de un plato o una tapa y cocina por el otro lado durante 3 o 4 minutos. Ajusta el tiempo según prefieras una tortilla más o menos cuajada.
Retira del fuego y deja reposar un par de minutos antes de servir. Puedes disfrutarla caliente, templada o fría, acompañada de tomates cherry y un poco de yogur griego natural.