Precalienta el horno a 200 °C, con calor arriba y abajo.
Lava bien los pimientos y sécalos cuidadosamente.
Colócalos enteros en una fuente apta para horno. Añade un poco de aceite de oliva virgen extra y distribúyelo por toda la superficie con las manos o con ayuda de un pincel.
Hornea durante 20 minutos a 200 °C. Después, baja la temperatura a 180 °C y continúa el horneado durante unos 35 minutos más. El tiempo puede variar según el tamaño de los pimientos y las características de cada horno.
Estarán listos cuando hayan perdido firmeza, la piel presente algunas zonas tostadas y se separe fácilmente de la carne.
Retira la fuente del horno y deja templar los pimientos hasta que puedas manipularlos sin quemarte. Si quieres facilitar el pelado, cúbrelos durante unos minutos con papel de aluminio, una tapa o un paño limpio.
Retira la piel, el pedúnculo y todas las semillas. Procura no enjuagarlos, ya que perderían parte de su sabor.
Cuela el líquido que hayan soltado durante el horneado y resérvalo.
Corta los pimientos en tiras y colócalos en un recipiente limpio. Añade el líquido reservado y, si lo deseas, un pequeño chorrito de aceite de oliva virgen extra.
Puedes añadir sal en este momento o esperar hasta el momento de servirlos.