Poner en un bol la harina con la mantequilla fría cortada en cubos y mezclar con una espátula hasta obtener un textura arenosa, añadir el huevo y el agua y mezclar primero con la espátula y después a mano. Volcar en la encimera y amasar entre 2 o 3 minutos para que quede todo bien integrado. Formar una bola de masa, envolver en film y refrigerar media hora.
Engrasar y forrar la base del molde. Recuperar la masa del frigorífico y cortar 2/3, guardar 1/3 para después.
Estirar los 2/3 partes de la masa sobre el molde con la punta de los dedos e ir estirando la masa hasta cubrir también las paredes del molde. Engrasar un papel de hornear, ponerlo tocando la masa del molde, poner encima garbanzos o piedritas de hornear y hornear en horno precalentado a 180ºC calor abajo y arriba, 10 minutos
Pasado el tiempo de horneado, retirar la tarta del horno, retirar el papel y los garbanzos/piedritas de hornear, pinchar con un tenedor toda la base y hornear 8 minutos más a misma temperatura a fin de dorar un poco la masa.
Retirar la masa nuevamente del horno, cubrir con la crema de queso y la mermelada. Recuperar el tercio de masa que teníamos en el frigorífico, rallarla en la parte gruesa de un rallador y esparcirla sobre la superficie. Espolvorear la almendra laminada y hornear a 180º C calor abajo y arriba durante 40 minutos o hasta que veamos la superficie ligeramente dorada.
Cuando la crostata esté horneada, retirar del horno, aguardar unos minutos a que enfríe un poco y ponerla sobre una taza a fin de que se desprenda el aro del molde y así sin más, dejarla enfriar totalmente.
Una vez fría, retirar la parte de abajo del molde y pasarla a una fuente de servir, espolvorear edulcorante en polvo o azúcar glas y decorar con trozos pequeños de kiwi, fresas y hierbabuena.
Servir