No tires esa salsa: Cuando termines un plato contundente y de larga cocción —carne asada, carrilleras de ternera, rabo de toro, estofado...— es habitual que sobre salsa. Esa salsa espesa, oscura y llena de sabor concentrado es demasiado valiosa para tirarla. No la descartes: es la materia prima de tus pastillas.
Rellena la cubitera: Vierte la salsa sobrante en los huecos de una cubitera, llenando cada cavidad casi hasta el borde. Cada cubito será una pastilla de caldo casera cargada de todo el sabor del guiso
Congela: Mete la cubitera en el congelador y deja solidificar un mínimo de 4 horas, o mejor toda la noche. Una vez congelados, desmolda los cubitos, guárdalos en una bolsa zip bien cerrada y etíquetala con el tipo de guiso y la fecha. Se conservan perfectamente hasta 3 meses.
¡Úsalas cuando quieras!: Añade una o dos pastillas directamente al cazo mientras cocinas: transforman unas lentejas, elevan un arroz o dan una profundidad inesperada a unas simples patatas cocidas. Y si las usas como su nombre indica —una pastilla disuelta en medio litro de agua caliente—, obtendrás un caldo limpio y riquísimo, sin conservantes ni artificios. ¡Os lo aseguro, funciona!