Ponemos la harina en un bol y añadimos la sal en uno de los lados. Hacemos un hueco en el centro e incorporamos la levadura, aproximadamente la mitad del agua y el aceite de oliva.
Comenzamos a mezclar con una cuchara mientras agregamos poco a poco el resto del agua. Cuando la harina haya absorbido el líquido, pasamos la masa a la encimera.
Amasamos hasta obtener una masa homogénea. Formamos una bola, la cubrimos y la dejamos reposar durante 5 minutos. Después, amasamos nuevamente unos 5 minutos, hasta que esté más lisa y elástica.
Ponemos la masa en un bol ligeramente aceitado, cubrimos con film o con un paño y dejamos levar en un lugar templado durante unos 50 minutos o hasta que haya aumentado visiblemente de volumen. Si la temperatura ambiente es baja, puede necesitar algo más de tiempo.
Volcamos la masa sobre la encimera y la desgasificamos suavemente. La dividimos en tres porciones y formamos una bola con cada una. En este caso, guardamos una en un recipiente tapado en la nevera para el día siguiente. Colocamos las otras dos en un tupper ligeramente aceitado, lo tapamos y lo dejamos fermentar unos 30 o 40 minutos.
Recuperamos las masas y estiramos con las yemas de los dedos hasta darle aproximadamente el diámetro de la sartén. Si la masa se encoge o se resiste, la dejamos reposar 5 minutos antes de continuar. También podemos ayudarnos de un rodillo para conseguir una base fina.
Calentamos la sartén antiadherente a fuego medio. Cuando esté caliente, colocamos la masa, tapamos y cocinamos durante unos 8 o 10 minutos, vigilando la base. El tiempo es orientativo y dependerá del grosor de la masa, la sartén y la potencia del fuego.
Cuando la parte inferior esté dorada y la masa haya ganado consistencia, le damos la vuelta. Cubrimos con una capa fina de salsa de tomate y repartimos el queso mozzarella.
Tapamos de nuevo y cocinamos a fuego medio-bajo durante unos 5 minutos o hasta que el queso se haya fundido. Después, retiramos la tapa y continuamos la cocción unos minutos más para que la base termine de dorarse y pierda el exceso de humedad.
Retiramos la pizza de la sartén, añadimos el jamón, las aceitunas negras, unas hojas de rúcula o albahaca fresca un poco más de orégano y servimos inmediatamente.