Secar la carne con papel de cocina. Calentar un chorro de aceite en una olla y dorarla a fuego medio-alto, por tandas si fuese necesario para evitar que se amontone. Retirar a un plato y reservar.
Bajar el fuego y, si hiciese falta, añadir un poco más de aceite. Incorporar la cebolla y los ajos picados y sofreír hasta que la cebolla esté tierna y empiece a tomar color. Agregar las zanahorias peladas y cortadas en rodajas y rehogar unos minutos.
Verter el vino blanco o la cerveza y dejar reducir unos minutos, raspando suavemente el fondo de la olla para recuperar los jugos del dorado.
Añadir la salsa de tomate, el laurel, la guindilla si se utiliza y el agua. Incorporar la carne con los jugos que haya soltado en el plato y salpimentar.
Cuando comience a hervir, bajar el fuego, tapar la olla y cocinar a fuego suave durante 35 o 40 minutos. Comprobar la carne: debe estar casi tierna antes de añadir las patatas. Si todavía ofrece resistencia al pincharla, prolongar la cocción. Vigilar el líquido y añadir un poco más de agua caliente si fuese necesario.
Pelar las patatas y cortarlas en trozos regulares, chascándolas: comenzar el corte con el cuchillo y romper el último tramo para favorecer que suelten almidón y espesen la salsa.
Incorporar las patatas y comprobar que haya líquido suficiente para que se cocinen; añadir un poco de agua caliente si hiciese falta. Cocinar a fuego suave durante unos 15 o 20 minutos, o hasta que tanto las patatas como la carne estén tiernas. Mover la olla con suavidad para evitar romper las patatas.
Probar la salsa, rectificar de sal y dejar reposar el guiso durante 5 minutos. Servir con un poco de perejil fresco picado.