Albóndigas de bonito del norte en salsa de piquillos
Frabisa
¿El bonito fresco te queda seco? Estas albóndigas de bonito del norte son una forma estupenda de evitarlo. Una pequeña cantidad de panceta en la mezcla y una cocción muy breve ayudan a conseguir unas albóndigas tiernas y jugosas, que terminamos en una deliciosa salsa de piquillos y tomate. Una receta fácil para disfrutar del bonito fresco de una manera diferente.
Picamos a cuchillo los lomos de bonito en trozos pequeños y los ponemos en un bol amplio. Picamos también la panceta y la añadimos al bol.
Picamos la cebolleta bien menuda y la incorporamos a la mezcla.
Ponemos en la picadora el pan de molde, los dientes de ajo y los pimientos del piquillo. Picamos y añadimos al bol.
Incorporamos el huevo ligeramente batido y las 2 cucharadas de salsa de tomate. Salpimentamos y mezclamos. Añadimos las 3 cucharadas de pan rallado y volvemos a mezclar hasta obtener una masa bien integrada.
Formamos las albóndigas procurando que tengan un tamaño similar. Un sacabolas de helado resulta muy práctico para conseguir porciones iguales. Con estas cantidades me salieron unas 25 albóndigas.
Pasamos ligeramente las albóndigas por harina, retirando el exceso, y las doramos en aceite caliente. Solo queremos sellarlas y dorarlas por fuera, no cocinarlas completamente, ya que terminarán de hacerse después en la salsa. Las retiramos y reservamos.
Salsa de piquillos
Ponemos un buen chorro de aceite de oliva en una olla baja y añadimos la cebolla y los dientes de ajo bien picados. Sofreímos a fuego medio hasta que la cebolla esté tierna y transparente.
Añadimos el vino blanco y dejamos que evapore el alcohol. Incorporamos la salmorreta, la salsa de tomate, los pimientos del piquillo picados, el tomate concentrado, las hierbas aromáticas y el caldo de pescado. Salpimentamos con prudencia, tapamos y cocinamos a fuego medio-bajo durante 15-20 minutos. Finalizada la cocción, retiramos la rama de romero.
Incorporamos las albóndigas a la salsa, colocándolas con cuidado para que no se rompan. Cuando la salsa recupere el hervor, bajamos a fuego medio-suave y cocinamos durante 5 minutos. Es importante no prolongar demasiado la cocción para que el bonito se mantenga jugoso.
Mientras tanto, cocemos los guisantes en agua hirviendo hasta que estén tiernos. Los escurrimos y los pasamos inmediatamente a un bol con agua y hielo durante unos 30 segundos para cortar la cocción y ayudar a conservar su color. Escurrimos de nuevo y los incorporamos a la olla.
Integramos los guisantes moviendo suavemente la olla con movimientos de vaivén, evitando remover con una cuchara para no romper las albóndigas.
Terminamos con un fino hilo de aceite de oliva virgen extra y perejil fresco picado. Servimos.
Frabiconsejos
Bonito fresco: aprovecha para preparar estas albóndigas cuando el bonito del norte está en temporada. Pide en la pescadería que te preparen unos lomos limpios, sin piel ni espinas.
La panceta tiene su función: aunque pueda resultar sorprendente en unas albóndigas de pescado, aporta un punto de grasa que ayuda a que queden más jugosas. La cantidad es pequeña en relación con el bonito y no enmascara su sabor.
No trabajes demasiado la mezcla una vez incorporados todos los ingredientes. Mezcla únicamente lo necesario para integrarlos y poder formar las albóndigas.
Cuidado con la cocción: al pasarlas por el aceite solo buscamos dorarlas ligeramente por fuera. Terminarán de cocinarse en la salsa y es importante no prolongar demasiado este último paso para evitar que el bonito quede seco.
La salsa de piquillos se puede triturar antes de incorporar las albóndigas si prefieres una textura más fina y uniforme.
¿Con qué acompañarlas? Unas patatas fritas, un puré de patata o un poco de arroz blanco les van estupendamente. Aunque tampoco necesitan nada más: los guisantes que lleva la propia receta ya hacen perfectamente de guarnición y permiten servir el plato tal cual.
Para preparar con antelación: puedes hacer la salsa unas horas antes y conservarla en la nevera. Las albóndigas conviene terminar de cocinarlas cerca del momento de servir para mantenerlas jugosas.
Para congelar: puedes congelar las albóndigas ya formadas, antes de freírlas, bien separadas entre sí. Una vez congeladas, pásalas a una bolsa o recipiente hermético. También puedes congelar la salsa por separado.