(Esto puede ser un tostón para mucha gente, os aviso, yo os querré igual aunque no leáis el tremendo rollo de mis vacaciones)
He regresado de mis vacaciones de semana santa que al final fueron como diez o doce días, así que tuve de todo, sol, calor, frío, lluvia, pareció que hubiese pasado por diez continentes en tan pocos días por la diversidad climática.
El viaje tuvo su inicio en Madrid donde estuvimos poco más de dos días, muy poco tiempo, el justo para visitar la exposición de L´Hermitage que se exhibía en el museo de El Prado y poco más. La expo no colmó nuestras expectativas, no es que fuese mala, imposible decir eso de tan buenos pintores, pero no sé… esperaba más, de todas formas visitar El Prado nunca es una pérdida de tiempo, siempre es una delicia.
Delicia también fue visitar El Retiro con un día esplendoroso de sol, lleno de gente tumbada en la hierba y besándose, síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, que risa, la de gente que he visto besándose en el Retiro fue tremenda, me cansé a hacer fotos de besos, podéis ver algunas de ellas en mi otro blog. Visita también al Mercado de SAn Miguel, plaza Mayor, imprescindible visitar la Casa del Libro de la Gran Vía y callejeo y callejeo que gusta mucho.
A continuación nos fuimos al destino principal de nuestro viaje que era la provincia Alavesa y Vitoria Gasteiz. El primer pueblo al que llegamos fue Miranda de Ebro que sería un lugar que olvidaría pronto sino fuese por dos cuestiones, una por la cantidad escandalosa de bancos y cajas de ahorros que hay allí, impresionante, en una calle pequeña llegué a contar hasta seis, mucho dinero deben de tener por allí porque en A Coruña, están cerrando. Otra es que me llamó mucho la atención la cantidad de peluquerías que hay y lo bien peinadas que van todas las señoras (o la mayoría que no hay que generalizar).
Allí tuve una anécdota, os cuento: resulta que viajar en autocaravana es la leche de fantástico, pero si no vas a un camping, te puedes duchar, eso sí, pero no puedes usar el secador del pelo porque tiene demasiada potencia para usarlo con la batería, así que yo que me había duchado y dejado el pelo al aire como se ve en las fotos, quise ir a una pelu a que me lo lavaran y secaran. Dando una vueltita por el centro, vi una peluquería abierta y entré a preguntar si me atendían y cuanto me cobrarían. La peluquería estaba vacía y la mujer que me atendió se puso a teclear en su ordenador y no paraba, yo estaba atónita por la tardanza en la respuesta y le pregunté si tenía que “consultar” para decirme algo tan sencillo como era lavar y peinar sin más y me contestó que bueno, que había cabello corto, media melena y largo y cada uno tenía un precio. Yo seguía con la boca abierta porque eso creo que es universal, en todas las peluquerías cobran distinto en función al largo del cabello, pero nada, aún siguió tecleando un rato más y por fin, me dio su tarifa, nada más y nada menos que 18,48 euros!! Os digo la verdad, lo de los 48 céntimos me mató, porque ya me contaréis. Me pareció carísimo, pero ningún problema, cuando voy a un sitio que no conozco, siempre pregunto antes lo que me cuesta lo que sea, mientras el dinero sea mío y el producto de los demás, no pasa nada, yo me fui con mi dinero y la peluquera se quedó con su peluquería vacía. Negocio redondo, sobre todo para mí que me quedé con más pasta.
Es extraño, pero en la provincia alavesa hay poquísimos camping, creo que no más de tres, es muy raro, creo que es la zona de España en la que menos camping he visto.
Visitamos La Bastida, Samaniego, Briones, Abalos, todos con un mismo denominador común, pueblos muy pequeños con templos impresionantes, con unos retablos dignos de admirar, bellísimos y a cual más grande y espectacular. como si hubiese competencia entre ellos para ver quien tenía la iglesia más grande. Casas de piedra, restauradas, buenas, algunas blasonadas que recuerdan épocas de esplendor. Todo muy limpio, visitas preciosas. Por toda la Rioja Alavesa los viñedos alfombran lo que alcanza la vista, debido al abrigo de las montañas se forma un microclima ideal para el cultivo de la vid. Muchisisiisisimas bodegas, pero muuuchas ehhh, casas buenas, se nota el nivel de vida, hay money por allí.
Todo muy bien rotulado en vasco y castellano, así debe ser.
El último pueblo que visitamos fue El Ciego, donde Frank Gehry construyó el famoso edificio de las bodegas de Marqués de Riscal que alberga un hotel, un SPA, una tienda. Es la segunda vez que paramos allí, fascinados por la arquitectura maravillosa del edificio, sin embargo ésta es la primera vez que hemos podido acceder al recinto, algo que está vedado para todo aquél que no se aloja en el hotel. Fue uno de los momentos TOP del viaje, os lo aseguro, poder fotografiar desde todos los ángulos semejante joya arquitectónica sin ningún obstáculo, a una hora (sobre las dos y media del mediodía) que practicamente no había nadie y rematando con una parada en la cafetería en la que nos bebímos una copa de Marqués de Riscal RESERVA 2006 que me rechifló y os lo digo de verdad, soy rarita para el vino, sin embargo éste me gustó tanto que compramos unas cuantas botellas de 3/8, es decir, pequeñas porque mi tope es una copa de vino y para que no se pierda, ese tamaño es el justo, además, quedaron en el arcón de la chanchicar para próximos viajes.
Por fin llegamos a Vitoria Gasteiz que este año ha sido declarada CIUDAD VERDE EUROPEA. Me quedé enamorada del tranvía de Vitoria, uauuuu, que maravilla de rapidez y de ausencia de humos y contaminación. Vitoria es una ciudad moderna que se expande a lo ancho, con grandes parques. No puedo decir que me haya quedado enamorada de Vitoria, pero me gustó. He visto muchas confiterías pero sólo una captó mi atención, es Pastelería GOYA y está en el centro. Visitamos la catedral que lleva en obras diez años, ya me veis con el casco y … uffff,  nos cobraron 8 euros por la visita guiada para caminar por encima de andamios, ¿la verdad? decepcionante. Riquísimos los pinchos de Vitoria, uhmmmmmmmmmmmm, una ricura, comimos un día de pinchos en el bar TOLOÑO y fue especialmente rico. 
El tiempo no ayudó y estando en Vitoria no solo empezó a llover, también bajaron las temperaturas y pasamos de los 26º de Madrid hasta los 6º de Vitoria, así que después de callejear con paraguas incluido fuimos al cine dos veces y también visitamos una librería maravillosa que hay en el mismo centro  y en el dejamos buena parte de nuestros ahorros.
Es curioso pero llegué a la conclusión (posiblemente equivocada pero es lo que pienso) que hay un genotipo vasco, unas señales de identidad que les hace que se les identifiquen, al menos algunos, no todos, pero algunas personas sin duda, tienen unos rasgos diferenciados.
También hay un “look” muy especial, los chicos con el pelo corto, patillas largas, ropa muy de montaña y en muchos casos y en hombres incluso mayores, les he visto con pendientes de aros. Las chicas también con un look muy especial, pelo corto y si es largo con flequillo corto, ropa muy de montaña. No sé explicarlo pero utilizan un estilo muy antisistema, aquí en Galicia los del Bloque Nacionalista Galego también visten parecido. Estos son un grupo que yo asocié y que llamaron mi atención porque por supuesto también están aquell@s que no se sabría si son catalanes, gallegos o madrileños.
Tampoco hace falta que me apedreé nadie por estas opiniones, no busco la polémica, es mi blog y manifiesto las impresiones que tuve, punto.
Nos fuimos un día antes, el tiempo ya no estaba como para dilatar más la estancia, nos apetecía conocer los parques y con la lluvia y el frío eso resultaba imposible. 
Volveré a Vitoria, siento que no la he visitado en su totalidad y no dejaré que la lluvia me prive de ello para siempre.
De regreso paramos dos horas en Bilbao para fotografiar el Palacio de Congresos y de la música que es un edificio con una arquitectura preciosa y ya de camino, en Santander donde comimos y paseamos el Sardinero, vimos los pingüinos y las focas pasamos una tarde soleada y muy agradable. Por fin y de una tirada ya hicimos el viaje de regreso.
Ya sabéis much@s de vosotr@s que viajo en autocaravana y que se llama “Chanchicar” (el nombre no se explica, son códigos de pareja). Viajar con la casa a cuestas tiene muchísimas ventajas pero también hay que currárselo mucho, mantener un orden alemán, una limpieza diaria (al menos mínima) y cocinar aunque se venga cansado de patear toda la mañana. Os estaréis preguntando ¿porqué no comemos fuera ya que nos ahorramos el hotel? porque no es esa exactamente la fórmula que manejamos, os lo explico, viajamos mucho porque NO pagamos hotel y porque también comemos en la chanchicar. Hasta hace un tiempo, en cada viaje, por lo menos una vez, íbamos a un restaurante de flipar y comíamos o cenábamos por todo lo alto, ahora y desde que la crisis es cada vez  más crisis, comemos o cenamos un día de cada viaje (bueeeno, tá, a veces dos) pero ya no por todo lo alto, digamos que más bajito. Por otra parte, no sé a vosotr@s pero a mí me mata comer todos los días de restaurante ufffffffffffff, menudo empacho, es horrible. Pero yo resuelvo súper rápido, en primer lugar, mientras hago el desayuno ya suelo poner una olla al fuego para cocer arroz o pasta, eso es básico para cuando llegamos al mediodía tener una guarnición potente con que acompañar cualquier otra cosa. También ayudan muchos las bolsas de brotes para ensalada que en un abrir y cerrar de ojos se prepara una estupenda ensalada, los caldos ANETTO que son caros pero deliciosos, las conservas..etc. Lo que es IMPRESCINDIBLE es comer en la chanchicar para dormir una siesta de media hora totalmente cronometrada y poder tirarnos a la calle con un mínimo de aliento con el que proseguir el duro camino del turista visitante de otros pueblos.
También es divino poder comprar alguna especialidad del lugar que visitas y cocinarla para después comerla (en Francia me pongo morada a magrets) y en este viaje la palma se la llevo las exquisitas carnes, madre mía, que lujuria de ricas, impresionantes.
¿Véis esos platos de barro verdes? ya hace tiempo que los tengo en la chanchicar para días de estos terribles de frio. Los uso así, los pongo directamente sobre el fuego para conseguir que se calienten bien y después, pongo la comida encima, los sirvo sobre un protector de madera para que no se queme el mantel y así consigo comer la comida caliente, algo que si cuando hace frío sirvo en un plato, no pasaría.
Es un truco genial, ¿véis como sale humo de lo caliente que está?
Tenemos dos copas de cristal de esas de los chinos que las guardo en papel burbuja para que no se rompan cuando vamos en marcha y que siempre las saco si tomamos vino, me horroriza pensar en tomar vino en un vaso de los de tirar, así que aunque no son de buen cristal, son de cristal y si rompen, a por más.
Cuando vamos con nuestra autocaravana por cualquier lugar o aparcamos en áreas especiales para autocaravanas en un altísimo porcentaje de veces, la nuestra es la de más bajo nivel, todas son más grandes, más lujosas, más modernas, más automáticas, tienen la nevera más grande, incluso muchas tienen ¡¡horno!!, pantalla plana de TV (eso me da igual  porque no tenemos tiempo a ver TV, y NO, tampoco ganas, la tele la veo en casa) así que la nuestra aunque tiene 6 años y la compramos casi nueva (tenía 4 meses) es un vehículo con muchísima vida por delante, en el único momento del año en el que compro un CUPÓN de la ONCE es cuando viajamos y con la ilusión de poder comprar otra chanchicar que mole muchísimo más si cabe que la actual y cabe, os lo aseguro. Aún así, me parece la séptima maravilla mundial el poder viajar así, sólo aquell@s que conocen esta forma de viajar me pueden entender, ya no hay marcha atrás, ahora me costaría mucho viajar de otro modo y sobre todo, si fuese de hotel no podría estar viajando casi todos los meses (aunque sea sólo un fin de semana) y es algo que me fascina.
Uno de los días que llovía mucho en Vitoria encontramos una librería frente a los cines que después visitamos. Es una librería amplia y acogedora, de esas que te quedarías no sólo horas, sino días, así que en la primera visita vi el libro de la Enciclopedia del Chocolate de Ed. BLUME, uauuuuuuuuuuuu, es que de verdad ehhh, me quedé allí sentada en aquél sofá redondo al lado de la escultura del hombre negro y durante un buen rato dejé de oír y ver nada de lo que pasaba alrededor, ver esas páginas tan llenas de color y explicaciones detalladas me tuvo absorta y fascinada. Sin embargo el precio me pareció excesivo, enseguida me convencí que no me hacía falta OTROOO, libro de chocolate, pero si ya tengo otro de chocolate de BLUME, y de otras editoriales, ni os cuento, debo de tener sin exagerar más de media docena  de libros exclusivamente de chocolate, así que estaba el tema resuelto, no me lo compraría y  no me lo compré. Compré uno que se llama “Los dulces de Amanda” es un libro alegre, con buenas fotos, con recetas dulces fáciles, rápidas, sin mucha complicación  y que nos gustan a todos y de un precio “normal”, así que me lo llevé, eso sí, suspirando por el de chocolate.

En los días que estuve en Madrid fui a la tienda ALAMBIQUE, una visita obligada para mí cuando voy a Madrid y me compré un capricho y es el termómetro que veis. Un termómetro que tanto vale para el azúcar como para el chocolate (28 eurazos) hacía muchísisiisisimo tiempo que tenía ganas de tenerlo pero la verdad es que hace tiempo que he buscado y no lo he encontrado ni siquiera en El Corte Inglés. En ALAMBIQUE hay la mayor variedad que he visto, no esperéis ayuda porque la chica que me atendió no tenía ni idea y fue a pedir ayuda a otra que aún sabía menos, así que me fié por las instrucciones que vienen por detrás y son en inglés, y finalmente escogí éste, aún no lo estrené.

En la Casa del Libro de la Gran Vía de Madrid estuve un buen rato fatigando las estanterías pero ésta vez no encontré ninguna joya (es que tengo muchisisisisiissisimos libros de cocina, bueno y de los otros también) y compré un pequeño que se titula “Cocina de fiesta” y cuya portada podéis ver en foto, me costó once euros, así que bueno…. está bien, tiene alguna cosilla interesante.

El último día que estuvimos en Vitoria, cuando ya nos habíamos cansado de pasear, visitar iglesias y mojarnos por la persistente lluvia volvimos a la librería ELKAR a nada en particular, a estar allí, a revolver estanterías, a respirar olor a libro ¿sabéis que no hay aroma más delicioso que el del pan recién hecho  y el que desprende un libro nuevo cuando lo abrimos por primera vez? Esta vez consciente perfectamente que no podia ceder a la tentacion del maravilloso libro de la Enciclopedia del Chocolate, fui a otras secciones de la librería. Cuando Edu (mi compañero de viaje y conductor de la autocaravana) me llamó para irnos ya tenía un hermoso y precioso paquete envuelto para regalo con un maravilloso lazo, era mi soñado libro de la Enciclopedia del Chocolate, síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii,¡¡¡ lo tengo!!!, estoy emocionada, además de regalármelo,  Edu le ha escrito una dedicatoria muy intelectual de las que él escribe y que habla de mi entusiasmo y de los dulces que comerá y no sé que más… ¿sabéis que descubrí que viene con una CD de un vídeo de hora y media sobre diferentes técnicas del chocolate?  es un lujazo, un imprescindible y además lo que he podido mirar (desde que llegué no lo he tocado por falta de tiempo) hay algo básico para trabajar con chocolate y es….¡¡el termómetro!! así que ya lo tengo todo, ya os iré contando cositas porque os aseguro que me he quedado alucinada con alguna cosilla que he leído y de la que no tenía ni idea. El fin de semana que se aproxima será de total recogimiento y monográfico de chocolate, tendré que practicar ¿o no?

Y nada más, el post no es que sea largo, es casi un libro en si mismo, pero es un recuerdo de viaje para mí misma y espero que agradable de leer para quienes tengáis un ratito y os apetezca.

Prontito, recetitas ricas y nuevas!!

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