La jalea de membrillo es una de esas pequeñas delicias del otoño que merece la pena preparar en casa. Su textura suave, su brillo y ese sabor tan particular del membrillo la convierten en un acompañamiento delicioso para quesos, tostadas y postres. Y tiene un atractivo añadido: podemos aprovechar la elaboración del dulce de membrillo casero para obtenerla.
Aunque ambas preparaciones comparten fruta y azúcar, no son iguales. El dulce de membrillo lleva la pulpa y tiene una consistencia compacta, que permite cortarlo en porciones. La jalea, en cambio, se elabora con el líquido colado y resulta translúcida, brillante y sin trocitos de fruta. La pectina natural del membrillo ayuda a que ese líquido adquiera su característica textura gelatinosa.
En la cocina tiene muchísimas posibilidades. Una cucharadita sobre un yogur natural, una panna cotta o un flan aporta un toque dulce y afrutado estupendo. También podemos utilizarla para dar brillo a una tarta o acompañar un bizcocho sencillo. Con queso está deliciosa: ese contraste entre el dulzor de la jalea y el sabor del queso invita a repetir.
Cuando preparo membrillo me gusta aprovechar todo lo posible. Por eso os explico dos maneras de obtener la jalea: recogiendo parte del líquido que desprende la fruta durante la elaboración del dulce o utilizando las mondas y los corazones. Lo fundamental es comprobar el punto de cocción y recordar que la textura definitiva se aprecia al enfriarse.
Es un dulce con tradición que se elaboraba en la Grecia y Roma antiguas y a la que se agregaba miel.
¿Cómo hacer JALEA DE MEMBRILLO? podemos hacerla de dos maneras:
Elaboración
Método A. Aprovechando el líquido del dulce de membrillo
- Prepara el membrillo siguiendo mi receta de dulce de membrillo casero.
- Durante la cocción, la fruta mezclada con el azúcar desprende líquido. Si tienes suficiente cantidad, recoge una parte con un cucharón y pásala por un colador fino para eliminar los restos de pulpa.
- Deja enfriar una pequeña muestra para comprobar su consistencia. Dependiendo del punto de cocción en el que lo hayas recogido, puede gelificar directamente o necesitar algo más de reducción.
- Si queda demasiado líquido, ponlo en un cazo y continúa la cocción, vigilándolo y comprobando de nuevo la textura. Evita reducirlo en exceso: buscamos una jalea suave, no un caramelo.
- Pásalo a frascos limpios y resistentes al calor. Deja enfriar y guarda en la nevera.
Método B. Aprovechando las mondas y los corazones
- Lava muy bien los membrillos antes de pelarlos. Reserva las mondas y los corazones sanos que retires al preparar el dulce, descartando cualquier parte deteriorada.
- Pesa los restos y colócalos en una olla con el mismo peso de azúcar. Añade agua suficiente para permitir la cocción sin que la mezcla se seque desde el principio.
- Cocina vigilando la olla y removiendo de vez en cuando. El tiempo dependerá de la cantidad preparada, del agua añadida y de la intensidad del fuego.
- Cuela la preparación utilizando un colador fino o una tela adecuada para uso alimentario. Deja escurrir sin apretar si quieres obtener una jalea más transparente.
- Comprueba la consistencia dejando enfriar una pequeña cantidad. Si aún está demasiado líquida, devuelve el líquido colado a un cazo y continúa la cocción hasta alcanzar el punto deseado.
- Reparte en frascos limpios y resistentes al calor. Deja enfriar y conserva en la nevera.
Conservación
Estas preparaciones de aprovechamiento se conservarán en la nevera. Si quieres elaborar jalea para guardarla a temperatura ambiente, utiliza mi publicación sobre el envasado de conservas caseras, teniendo presente que cada elaboración necesita el procedimiento que le corresponda.
FRABICONSEJOS
- Comprueba la textura en frío. No esperes a que la jalea esté muy espesa dentro de la olla, porque al enfriarse adquiere más consistencia.
- No te guíes únicamente por el color. Un tono más intenso no garantiza que haya alcanzado el punto adecuado.
- Vigila especialmente el final de la cocción. Cuando queda menos líquido, es más fácil que la preparación se agarre o se concentre demasiado.
- Utiliza frascos pequeños. Resultan cómodos para servir y para consumir la jalea una vez abierta.
- Dale distintos usos. Además de acompañar quesos y tostadas, queda estupenda sobre yogures, flanes y tartas de fruta.
Preparar esta jalea es una manera deliciosa de sacar más partido a los membrillos de temporada. Me encanta tener un pequeño frasco en la nevera y añadir una cucharadita a un postre sencillo o servirla con unos trozos de queso. Son esos pequeños detalles caseros que hacen que algo cotidiano se convierta en un bocado especial.
Colamos y rellenamos frascos.
En ambos casos, debemos seguir el procedimiento de envasado al vacío que os expliqué AQUÍ.
A disfrutar



Carmen Casal
Gracias por todo lo que compartes. Hace tiempo que te sigo.
Mi pregunta es como resultaría la receta del membrillo si se sustituye el azúcar blanco por panela, azúcar integral de caña sin refinar. Lo compré y temo cocer los membrillos con él y que no guste su sabor como el de tu receta. Un saludo desde a Coruña.
frabisa
Hola, CArmen. Puedo decirte que he probado a hacer membrillo con la mitad de azúcar común y la otra mitad de azúcar moreno y quedó bien. No he experimentado ninguna otra fórmula, así que no puedo decirte con seguridad nada más. Mi intuición es que debería de quedar bien. un saludo cordial