A ver si consigo no enrollarme mucho y contaros brevemente lo que fue mi estancia de unos días en Oporto y como fue mi percepción de la ciudad. Intentaré contaros sobre todo mi impresión como bloguera, aunque no sé si conseguiré separar.
Terminé el 2012 en Oporto, y allí me desperté el día de Reyes comiendo el tradicional bolo de reis portugués.
No puedo decir que Oporto  no me gustara, pero no me rechifló, aunque sin embargo he visitado lugares muy agradables y como he estado bastante tiempo me he quedado con una buena idea de los que es la vida allí.
Lo primero que hay que hacer al planificar la visita es organizarla bien para no tener que repetir los trayectos porque si por algo se caracteriza Oporto es por las tremendísimas cuestas que ya viendo la foto anterior podéis adivinar, ufffffffffffff, me mata subir cuestas.
Oporto no tiene arte digno de destacar, ni la catedral ni las iglesias que vi son para flipar, hasta apenas hice fotos de ellas. Su barroquismo es recargado y  nada de mi gusto. 
Sin embargo aún sueño con los Monasterios  de Batalha y Alcovaça, señal inequívoca del estupendo patrimonio portugués.
La gasolina está carísima en Portugal, mucho más cara que en España. Otra cosa que pude observar fue que    en coches de alta gama prefieren  los Mercedes, hay muchísimos. Y no es que todos los portugueses anden en Mercedes, la mayoría son coches de tipo medio o bajo, pero de cada 10 coches de alta gama que se ven por la calle, sin ninguna duda, 9 son Mercedes.
Tienen un paseo marítimo precioso agradable y con unas terrazas muy coquetas en las que poder degustar sus espectaculares cafés, uhmmmmmmm los cafés portugueses son tan ricos como los brasileros, una exquisitez. Apenas pude visitar sus playas, ya anochecía cuando llegué, parece que estan bien, aunque habría que verlo en verano, tengo la impresión que bañarse allí es muy parecido a bañarse en la Costa da Morte. No olvidemos que el norte de Portugal es geograficamente muy parecido a Galicia, realmente es una continuación y eso se nota.
Es increíble que viviendo pared con pared con Portugal nos conozcamos tan poco, creo que sabemos poquísimo de ellos y viceversa.
Los portugueses son agradables, cercanos con los que vamos de fuera, intentan ayudar. El idioma tampoco es demasiado problemático porque se entiende bastante, sobre todo para los gallegos ya que tiene muchas similitudes con el gallego y yo aunque no lo hablo porque Coruña es la única ciudad gallega en la que apenas se habla gallego, por supuesto que lo entiendo perfectamente.
Lo que me mata es la palabra “servilleta”, ¿sabéis como se dice en portugués? ¡¡guardanapos!! ufffffffff, no es normal, esa palabra no se quien la inventó, pero no me gusta nadita y nunca conseguía memorizarla, unas veces decía “guardanabos”, otras, “limpianapos”, pero nunca me acordaba de la verdadera :))

CASA FARIA en Oporto, en Rua Mouzinho da Silveira, practicamente al lado de la Estación de tren Sao Bento es de esas tiendas que me producen a partes iguales atracción-repulsión. Está todo tan lleno de polvo, tan amontonado, que de querer, no sabes por donde empezar, pero al tiempo es un sueño porque si dispones de tiempo suficiente puedes encontrar auténticas joyas. Yo me quedé flasheada porque este tipo de establecimientos me rechiflan, son la locura de cualquier bloguero, tienen piezas individuales a bajo precio y algunas son auténticas joyas. A pesar del batiburrillo de cosas que se ven en las fotos ¿a ver si encontráis el bote de harina que compré allí y que ahora forma parte de esta cabecera? me parece súper bonito y me costó ¡¡2 euros!!
Lo que verdaderamente fue todo un hallazgo fueron dos palas de ensalada de cristal tallado que estoy como loca por enseñaros, haré una receta de ensalada con ese único fin ;)))))
Si vais a Oporto, no dejéis de visitar esta tienda, es rechula, eso sí, es obligatorio regatear o os cobrarán el doble, yo incluso hice ademán de irme sin nada en el último momento y me fui tranquilamente por la puerta. En caso de que la señora no me llamara, pensaba dar vuelta y comerme mi oferta porque por  nada del mundo quería irme sin las palas, pero me salió bien y antes de que pisara la acera, me llamó para decirme que me lo daba en lo que yo le había ofrecido, yupiiiii.

Una de las visitas recomendadas fue al Parque Serralves que alberga un museo de arte contemporáneo que no tiene fondos propios, sólo temporales. Queda lejos del centro y sinceramente, no colmó nuestras expectativas. Me sorprendieron los tremendo cuernos de las vacas, aquí los tienen muy pequeños.

Oporto es  un lugar en el que por momentos parece que vives en los años 60, tiendas antiguas con mucho encanto , conviven con ZARA y otras tiendas de moda en Europa.
Es una ciudad muy limpia pero en pleno centro histórico encontramos edificios importantes con otros en un estado de abandono terrible que afea el conjunto y da aspecto de deterioro.

Algo que me llamó la atención es que hay muchas tiendas de objetos religiosos y que  da la medida de que los portugueses deben de ser muy católicos y practicantes.

Otra cosa que me sorprendió fue que en una calle que hay al lado de la estación del tren Sao Bento, había ¡¡4 tiendas de vestidos de novia!! madre mía, me pregunto si se casarán tanto para semejante oferta, muerta me quedé.

En Oporto hay muchas librerías lo que dice mucho de sus habitantes.

En especial puedo destacar la preciosa  Librería   LELLO, una de las más antiguas de Europa, os aseguro que es una auténtica preciosidad.

Al ladito de la librería LELLO hay una tienda que se llama “A vida portuguesa” que también tiene una sucursal en Barcelona que es de lo más precioso que vi en Oporto. Venden artículos con estilo “vintage” en el que puedes encontrar una serie de cosas muy curiosas como latas antiguas, jabones diversos, platos, cestos, no sé, todo me encantó. Me gustó lo espacioso que está colocado todo, como puedes ir viendo todo con tranquilidad. Y eso que justo que este sitio me encantó, tuve que irme precipitadamente porque teníamos la entrada con una visita guiada y pensé en volver y después ya no fue posible, pero si vais a Oporto, no os lo perdáis, es una maravilla de bonito.

Caminando por el centro me encontre con estas ventanas, no parecía que fuese un negocio, sino una casa particular, me quedé atónita con el espectáculo que no podía ser más friqui.

Otra de las cosas que me sorprendió mucho es que en el casco antiguo todas las fachadas de los edificios están vestidas de tendales, halaaaaaaaaaaaaaaaa, ahí, todas las sábanas y las bragas tendidas al sol… realmente, bonito, bonito… no queda.

En Oporto como en todo Portugal, hay muchísimas confiterías, las célebres “Pastelarias”, pero es tremenda la cantidad que hay, puede haber hasta 4 en una sola calle. La mayoría venden también pan y son cafeterías lo cual es muy cómodo a la hora de tomar un café con un bollito.
Hay mucha tradición de pasteles y además, éstos no son nada caros, un cruasan puede costar 0.65 €. Los pasteles son extremadamente dulces incluso para alguien como yo que soy muy golosa, pero están bien. En general, la confitería (salvo lugares muy exclusivos) no es demasiado fina, trabajan bollos grandes de los que les gusta a la gente y que comiendo uno ya te quedas más que satisfecho.
En los kioscos de prensa hay muchisisiisisisimas revistas de cocina, pero muchas ehhh. Compré dos, pero ya fueron suficientes, la verdad es que no me gustaron mucho. Utilizan muchísima azúcar en sus recetas, imaginaros que por poner un ejemplo, por 200 gramos de harina, igual ponen 300 o 350 gr. de azúcar, uffffffff, no son de mi gusto los dulces tan empalagosos. Otra cosa que me sorprendió de las revistas que compré es que utilizan mucho dulce de leche pero le llaman “leche condensada cocida” y es de un color más clarito que el tradicional dulce de leche.
El pan está bien, no son los panes variados de los franceses pero están bien y sin duda el que más me gusta es su broa.
En Oporto hay dos platos muy típicos, “la tripa cocinada al estilo de Oporto” que es una especie del plato que en España llamamos “callos” y que yo decidí ahorrarme el probar porque yo aunque no lo creais, soy desde siempre un poco “repugnante” para comer y como mucho pero sólo de lo que me gusta.

El otro plato que dicen que sí o sí, hay que probar, son las “francesinhas”, cuya foto podéis ver arriba de este párrafo.Es una especie de sandwich relleno de mortadela, filete de cerdo, salchichas, gratinado con queso y recubierto de una salsa picante de tomate y cerveza. Empecé pasando el sandwich a otro plato para “librarme” de la salsa que me pareció muy picante y su sabor no me gustó, terminé sacándole la mortadela, las salchicas…. en fin… que no me gustó, seguramente la culpa es mía.

El fin de año lo pasamos en la autocaravana en un camping antes de llegar a Oporto. Llegamos sobre las ocho de la noche y llovía que parecía que se terminaba el mundo. En recepción pagamos y nos indicaron la parcela donde aparcar la autocaravana. Fue estupendo porque como llevaba lloviendo dos siglos, estaba todo encharcado y nada más poner una rueda en la parcela, la autocaravana empezó a patinar (claro, son más de 3 toneladas) así que hubo de venir ¡¡un tractor!! a sacarnos de allí. Al final nos mandaron a un lugar sobre cemento y pudimos hacer nuestra cena de nochevieja. Os dejo una muestra de la cenita que no os olvidéis hube de hacerla en la cocina de la autocaravana que podéis ver AQUÍ pero que es estupenda.

El Mercado del Bolhao es uno de los lugares recomendados por las guías turísticas como edificio más emblemático. El aspecto es de una dejadez absoluta y da la impresión de que se cae a trozos. Es lo más decadente que he visto. Los puestos se sostienen sobre cajas y el pescado no sólo no está refrigerado sino que ni siquiera está sobre hielo. Pero lo tremendamente sorprendente es que ¡¡no huele mal!! claro que habría que ir en pleno verano a ver como está la cosa.
El producto en general tiene buen aspecto y las frutas y verduras se ven frescas y ricas. Lo que me dejó impresionada fue el último puesto, una especie de mercería en el que todo estaba amontonado y en medio de todas las cajas estaba sentada una señora anciana con la vista perdida en el vacío. Sinceramente, me cuesta creer que vendiese algo. Apenas había gente en el mercado y yo lo visité a las once de la mañana. Tengo que reconocer que ni por típico, ni por decadente, ni por turístico a mi me colman visitas de este tipo, con sólo recordar la visita al Mercado de Valencia que es de los más bonitos de cuantos he visitado me parece que a mi, hay  lugares que no me enriquecen en absoluto y otros en los que disfruto muchísimo.
En general, salvo los pasteles y tartas, todo lo demás, está al mismo precio que en España o incluso más caro.
El café es divino de rico y además lo hacen súper bien. Y si pides un café con leche grande, te dan un tremendo café con leche, no como en España que siempre resulta tan complicado que las cafeterías tengan una taza grande para servir un café con leche abundante. Es fantástico además tomar una merienda reconfortante en una de esas pastelarias sabiendo que puedes elegir un pastelito para acompañar y por si todo esto fuese poco, es muy barato.
Este mercadillo fue una sorpresa no prevista. El último sábado que estuvimos (vísperas de Reyes) salimos sobre las 9 de la mañana y vimos oleadas de gente que se dirigían hacia el río y le pregunté a un chico que pasaba, me contestó que había “mercado de coisas usadas” allí al lado. Todo un planazo, así que para allí nos dirigimos. Uffffffffffffffff, impresionante, allí había de todo, la mayoría de las cosas, de poco interés, pero el mercado eran grandísimo y lo recorrimos a bastante velocidad porque teníamos otra cosa prevista. Como era temprano,  aún se estaban colocando algunos puestos, así que no pude verlo todo. Yo me hubiese quedado mil días, pero me gusta ser considerada con el conductor de la autocaravana que tiene más paciencia que Santo Job y como el plan pasaba por otras visitas tampoco era cuestión de pasar allí media mañana.
El día de Reyes despertamos en Oporto, como no podía ser de otro modo ya que la noche anterior dormimos allí. No hay cabalgatas ni niños con juguetes, es más, nos sorprendió que apenas vimos niños por la calle, hasta que descubrimos que allí las clases empiezan el día 3 de enero. Por lo visto según nos contaron es costumbre de los portugueses celebrar papa Noel y entregar los juguetes ese día. De todas formas, yo quería desayunar su tradicional “Bolo de Reis” y el sufrido conductor de la autocaravana se levantó temprano y fue a comprarlo mientras yo preparaba el desayuno. Estaba rico,  aunque su miga es muy densa porque está excesivamente saturada de nueces y frutas escarchadas y sólo puedes comer un trozo pequeño porque es muy pesado.

Os dejo para finalizar esta imagen nocturna del río Douro, realmente precioso con sus puentes y sus casitas coloridas.
Por supuesto tengo muchísimas fotos que recogen casi todos los rincones de Oporto pero ya serán en mi blog de fotografía de Verdades y Mentiras el lugar adecuado para colgarlas. También os tengo que contar que los que me conocéis un poco sabéis de mi afición por hacer “robados” cuando viajo y en esta ocasión, no hice ninguno, no hubo nadie que me llamase la atención.

Espero que hayais disfrutado de este pequeño viaje, yo me he quedado con ganas de seguir conociendo otros lugares de Portugal.

(ahora sí, la próxima publicación, será una receta)

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