Francia sigue siendo un top en gastronomía y lo sigue siendo en todos los sentidos y porqué en honor a la verdad ¡¡se lo curran!! .
Este verano he estado por segunda vez en París, la primera fue hace diez años y estuve 7 intensos días dedicados en exclusividad a la vida cultural que es mucha y maravillosa, no me dio tiempo a más. En esta ocasión estuve quince días y aunque la visita seguía teniendo como prioridad el elemento cultural (al Louvre fuimos dos días alternos en jornadas agotadoras de 9 y 10 horas) también quedaron huecos al finalizar las jornadas para callejear, observar, visitar tiendas, supermercados y sentir los latidos parisinos.
La comida es un elemento importantísimo en la vida de los franceses y es algo que se nos recuerda en cada esquina, en cada tienda, en como presentan sus frutas, sus quesos, el bullicio de sus mercados, la  facilidad para comprar cualquier tipo de ingrediente en los supermercados y la enorme variedad de recipientes, vasitos, fuentes, sartenes, cuchillos, tenedores y ollas de todos los precios, colores y tamaños
A los franceses les gusta  cocinar, comer y reunirse con amigos y familia, por eso es muy habitual que tantos hombres como mujeres sean unos auténticos cocinillas.
A los pocos días de estar allí dediqué un día entero a visitar el mercado de las pulgas dedicado a las antigüedades, el de Saint-Ouen, está abierto sábados, domingos y lunes. No hice fotos, a los puesteros no les gusta demasiado y hay que ser cortés. Hacía mucha calor, pero fue un día maravilloso. El mercado de antigüedades se desarrolla en unas calles concretas (dentro del barrio o distrito de Saint Ouen) y hay desde tiendas de antiguedades llenas de joyas (vajillas completas, muebles, libros, cuadros, etc. )  de un valor incalculable y alejado absolutamente de mis pretensiones y bolsillo, hasta puestos llenos de platos, copas, fuentes,  cristalerías, cuberterías, en algunos casos juegos enteros y en otros, piezas sueltas.
¿Os imagináis puestos y puestos atiborrados de cosas de cocina distintos, bonitos, antiguos?  Y lo mejor o lo peor según se mire, que escoger para preguntar el precio, y además, comprar con mesura porque aún me quedaban muchos días por delante y no quería gastarme todo mi presupuesto el tercer día ¡un dilema! Al final, no queda otra, hay que regatear, y no es fácil cuando no se habla el idioma, pero yo me arreglé y si me pedían 30, ofrecía 10 y colaba. Compré cosillas que a mí me encantan y que me costaron baratas. Me apetece muchísimo tener un sifón y pensé comprarlo allí, pero nada, imposible ¿sabéis cuanto me pedían por un viejísimo sifón verde? ¡¡trescientos eurazos! antes mueeeta que gastarme ni el diez por ciento de esa cifra, así que de momento, sigo a la espera de encontrar un sifón muy rebarato.

La tacita es de una tienda de antiguedades de carretera, es alemana, era una pieza suelta y es, impresionantemente bonita, súper pequeñita, de una porcelana muy,muy fina, me quedé enamorada de ella nada más verla, me costó cinco euros.

En la rúa de Rennes del barrio de Montparnasse, hay varias tiendas de artículos de cocina, entre ellas a la altura del número 80 está LA VAISSELLERIE, una tienda (hay varias del mismo nombre en París)  que expone gran parte de sus artículos en la acera. Tiene muchas cosas, algunas incluso originales a un precio muy razonable y otras a precio de capricho, obvio.

En los supermercados franceses como L´Eclerc hay también muchas cosillas de este estilo y a mejor precio que en las tiendas que en exclusiva se dedican a ello.

Por fin conocí las célebres galletas SPECULOOS, son riquísimas y muy parecidas a esas galletitas envasadas de modo individual que ponen a veces con los cafés en las cafeterías y que creo  que aquí en España se llaman LOTUS. Ir a los supermercados franceses es algo que no me puede gustar más, es increíble la cantidad de oferta de la más amplia variedad de ingredientes que ofrecen y me refiero en todos los ámbitos, tienen mil clases distintas de cada producto, yo me volvía loca, me lo quería comprar todo. Os prometo que intentaba respirar hondo y pensar que me quedaban tantos o cuantos días y no comprar todo lo que me gustaba, pero hay tantas cosas bonitas para un blogger, seguro que me entendéis.

Otra de las ofertas imposibles de despreciar fueron la enorme cantidad de libros de cocina a unos precios bajísimos (entre 1, 3 y 4 euros) con una buenísima calidad de papel, unas fotografías estupendas, un estilismo lindísimo del que siempre se puede aprender y con recetas tan sencillas que incluso para alguien que como yo apenas sabe francés me resultan muy fáciles de comprender. Así que seguro que podéis entender que hubiese comprado……mejor ni los cuento….. También es cierto que yo viajo en autocaravana y voy guardando y echando bolsas para la parte de la capuchina (en el techo de la autocaravana hay una cama que usamos como trastero) y la sorpresa viene cuando recojo y veo la de tonterías que me he comprado.

Que fotos tan bonitas y que estilismos tan chulos traen los libros de cocina franceses, increíble, pero los más corrientes, los que venden a 3 euros. Me encanta porque la buena fotografía es algo que me gusta muchísimo ver y además, la inspiración se nutre a través de la observación de buenas obras.

Todo es tan bonito, las fruterías, las pescaderías, las floristerías, a mi me encanta. Las boulangeries-patisseries son la locura en Francia y no me refiero solo en París, en el pueblito más pequeño, hay panaderías-confiterías con una amplia variedad de panes de todo tipo y pasteles y tartas exquisitas, y de un aspecto de lo más apeteciblel. A mí, me rechiflan, nada más pisar territorio francés y ver la palabra boulangerie, ya sonrío . Obviamente los macarons son su seña de identidad en pastelería y los hay de todos los colores y sabores. Como no podía ser de otro modo visité la casa de referencia en macaron en París, la célebre tienda de PIERRE HERMÉ y probé sus macarons que están ricos pero no para morirse de ricos y cuestan como si fuesen el último bocado que uno se come.

A mí me encantan los franceses y cuando estoy allí enseguida quiero ser francesa, comprarme una casa francesa, trabajar en una multinacional francesa y si al conductor de la autocaravana no le parece mal, también valoraría casarme con un francés, y es que me molan muchísimo.

Me gustan como visten, como viven, lo educados que son, lo bajito que hablan, su cocina, su repostería y la cantidad de cosas que tienen y que son básicos para una blogger como yo que estoy medio sarampionada con los estilismos del blog.

Otra de las cosas que me rechifla de las francesas es su valentía a la hora de afrontar sus canas y como se las dejan tal cual, libres al viento sin tintes ni afeites de ningún tipo y van hiperdivinas y monísimas, así que dentro de la fiebre que me entra cuando convivo con ellos el mes de mis vacaciones, decido que en cuanto llegue a España, no me teñiré nunca más el pelo, cosa que incumplo al segundo día de mi regreso. En fin, que el próximo año parece que dividiremos el mes entre Francia e Italia, pero ya se verá, a priori, de Francia aún queda mucho por ver, y de Italia, también, claro.

Lo que si os tengo que decir que este año he notado lo carisisisisimo que está todo, sobre todo en París (en el resto bastante menos). Claro que para poder estar un mes entero en Francia hay que hacer casi milagros y el mío es utilizar al máximo la cocina de la autocaravana, gastar en restaurantes el mínimo común múltiplo  (solo un día cenamos una pizza en un restaurante y fue el día que jugó España y quisimos ver el partido) y sólo hacer concesiones a tomar un café, un helado y  visitar mucho los supermercados franceses que para eso, son la bomba. De todas formas, todo es caro, las entradas a los museos (no negociables, hay que pagarlas porque el Louvre está en París y no puedo ir cualquier día) el metro, tooodo. Pero en fin, aún así, ojalá pueda seguir viajando en autocaravana aunque tenga que hacerlo todo, de ese modo puedo estar más tiempo fuera, claro que a este paso con el tema de la crisis,  no vamos a tener ni para gasolina.

Tengo pendientes varios mails por contestar y es que me conecto minutos contados porque «me vigilan» ya que no me conviene,. _El tema del lumbágo, no está resuelto. De todas formas, el lunes próximo voy a hacer un triple salto mortal y voy a ir a trabajar a ver que pasa, si con reposo no se me cura, igual a mi lumbágo le va el curro y yo le voy a dar lo que quiera para que se vaya y no vuelva.

 

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